I Ching, la magia de la interpretación




Tenemos una consulta en mente, hemos reflexionado en ella, la hemos dialogado y consensuado. La tenemos escrita en un papel, o en la palma de la mano, o en el banco de la plaza donde nos sentamos. Cualquier lugar vale siempre que esté bien iluminado para no confundir cara con cruz.
Hemos lanzado las monedas para atrapar el momento.
Lo hemos hecho seis veces.
Hemos atrapado un pez por vez, blanco o muy blanco, negro o muy negro.
Los hemos acomodado en su lugar, desde abajo hacia arriba, para edificar el hexagrama desde sus cimientos en la Tierra.

Los trazos resultantes pueden ser el joven yang o el viejo yang, el joven yin o el viejo yin.
Los viejos son los que mutan a su opuesto, es decir, el 9 yang y el 6 yin.
Los jóvenes tienen un camino que recorrer aún, están creciendo hacia la madurez, son el 7 yang y el 8 yin.

Nos enfrentamos al hexagrama con nuestras armas, es decir con los conocimientos técnicos de las reglas y con los metafóricos de los significados.
Los conocimientos técnicos son concretos y se logran estudiando, es la parte más accesible, es cosa de empollar, como cuando estás por examinarte en una asignatura en una escuela o universidad. Son más objetivos, lo que no significa que no sea necesario el laboratorio para comprenderlos. Haces tus experimentos, tus prácticas, tus ensayos. Discutes los vericuetos de las reglas y las vas comprendiendo con la práctica.
Los metafóricos son experiencia, son praxis del libro, vivencias meditadas, lecturas abundantes y libres, contemplación de la diversidad de objetos del mundo, y de cómo se vinculan entre sí.

Sensibilidad y receptividad, meditación y espiritualidad. Es también libertad. Un espíritu libre que acepta sin juzgar, que se conforma con ser.
No son tan fáciles de obtener a corto plazo, no es cosa de empollar, es la parte artística y creativa de la cosa. La que participa divagando, entrando y saliendo, flotando y penetrando.
Es lo que desvela el significado por los sutiles debilitamientos de la distinción entre el objeto y el sujeto.

El que interpreta y el consultante son los sujetos, el objeto es el hexagrama.

El vehículo es la consulta, porque la consulta es la tematización del hexagrama.

Los hexagramas son imágenes, las imágenes son metáfora, el que interpreta es hábil en su oficio, y su oficio es un arte. Con el antiguo significado de tecné que Sócrates expresa en el Ion de Platón. Se los acerco, Sócrates expresa al rápsoda Ion:

"Porque no es una técnica lo que hay en ti al hablar bien sobre Homero; tal como yo decía hace un momento, una fuerza divina es la que te mueve, parecida a la piedra que Eurípides llamó magnética (...) La Musa misma crea inspirados, y por medio de ellos empiezan a encadenarse otros en este entusiasmo"

El que interpreta deja que su inspiración corra interactuando con el consultante, lo contagia y lo lleva con él en su viaje de exploración de significados.

Viajan juntos en la alfombra mágica.





En última instancia la interpretación es consensuada entre el intérprete y el consultante y así se logra que el hexagrama cobre significado existencial para el que consulta.
Siempre sucede que el vínculo que queda establecido entre el consultante y el intérprete es muy fuerte y memorable si la cosa se logró a fondo.
Algo muy extraño y muy bueno que hay que agradecer a la Musa, no es algo personal.

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